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El desafío del Transporte Vertical

¿Por qué la industria latinoamericana del transporte vertical debe dejar de ser un oficio y transformarse en una profesión?

Durante décadas, el transporte vertical en América Latina ha sido entendido, en muchos casos, como un oficio aprendido en la práctica: el técnico que “sabe de ascensores”, el mantenedor que aprendió mirando a otro, el instalador que heredó el conocimiento del maestro anterior. Este modelo, que fue funcional en un contexto de ciudades más pequeñas y tecnologías más simples, hoy muestra claras señales de agotamiento.

Las ciudades latinoamericanas crecieron hacia arriba y hacia los cerros. La densificación urbana, la verticalización de la vivienda, el envejecimiento de la población y la necesidad de accesibilidad universal han convertido al transporte vertical en una infraestructura crítica, tan esencial como el agua, la electricidad o el transporte público. Sin embargo, el desarrollo humano y profesional del sector no siempre ha avanzado al mismo ritmo que la complejidad técnica de los sistemas que hoy se instalan y operan.

Aquí aparece el desafío central: seguir tratando el transporte vertical como un oficio limita su evolución, su seguridad y su impacto social. Transformarlo en una profesión es una necesidad estratégica para las ciudades del presente y del futuro.

En gran parte de América Latina, el aprendizaje informal ha generado técnicos muy valiosos, con una gran capacidad práctica y una notable intuición técnica. El problema no es el saber hacer, sino la ausencia de un marco profesional integral. Hoy, un sistema de transporte vertical ya no es solo un conjunto de piezas mecánicas. Es una combinación de electrónica avanzada, software, sensores, inteligencia artificial, normativas de seguridad, gestión de riesgos, sostenibilidad energética y experiencia de usuario.

Cuando el conocimiento queda únicamente en la práctica cotidiana, se vuelve frágil frente a la rotación laboral, los cambios tecnológicos y la exigencia regulatoria. Además, dificulta la estandarización de procesos, la certificación de competencias y el reconocimiento social del rol que cumplen quienes trabajan en esta industria.

La profesionalización implica formación estructurada, actualización permanente y una identidad clara del rol que se desempeña. No se trata solo de “reparar” o “mantener”, sino de diseñar soluciones de movilidad vertical que impactan directamente en la calidad de vida de millones de personas.

Cuando miramos experiencias europeas y asiáticas, el contraste es evidente. En varios países de Europa, el transporte vertical está plenamente integrado al ecosistema académico y profesional. Existen carreras técnicas y universitarias, certificaciones oficiales, estándares de competencia y una fuerte articulación entre industria, Estado y centros de formación. El técnico o ingeniero en transporte vertical no solo ejecuta tareas, sino que participa en el diseño, la planificación urbana y la toma de decisiones estratégicas.

En Asia, especialmente en regiones altamente urbanizadas, el enfoque va aún más lejos. El transporte vertical se concibe como parte del sistema inteligente de la ciudad. Ascensores que se comunican con plataformas digitales, sistemas predictivos de mantenimiento, integración con flujos masivos de pasajeros y soluciones adaptadas a megaciudades densas y complejas. En ese contexto, la figura del profesional especializado es indispensable; el margen de error es mínimo y el impacto de una falla puede ser enorme.

Estas experiencias muestran algo clave: cuando el transporte vertical se profesionaliza, deja de ser un costo operativo y pasa a ser un activo estratégico para la ciudad.

América Latina tiene una oportunidad única. Muchas de sus ciudades aún están en proceso de transformación y expansión. Incorporar una visión profesional del transporte vertical permitiría no solo mejorar la seguridad y eficiencia de los sistemas, sino también generar empleo de mayor calidad, carreras con proyección internacional y una industria más innovadora y competitiva.

Profesionalizar no significa excluir a quienes aprendieron el oficio en terreno. Al contrario, significa reconocer ese conocimiento, sistematizarlo, complementarlo con formación técnica y académica, y darle un marco que permita crecer. Significa pasar del “yo sé hacerlo” al “estoy capacitado, certificado y actualizado para hacerlo bien, hoy y mañana”.

El transporte vertical es movilidad, es inclusión, es dignidad urbana. Tratarlo como un oficio del pasado es desaprovechar su potencial. Entenderlo como una profesión del futuro es una decisión que impactará directamente en la forma en que vivimos, nos movemos y habitamos nuestras ciudades.

Si América Latina quiere ciudades más justas, accesibles y modernas, el camino es claro: el transporte vertical debe dejar de ser solo un oficio y asumir, de una vez por todas, su lugar como una verdadera profesión.

Acerca de José Luis Gutiérrez

José Luis Gutiérrez es Prevencionista de Riesgos, experto en Comunicaciones Digitales y Redes Sociales. Su trayectoria está fuertemente asociada a la gestión de medios de comunicación multiformato como editor de contenidos, copywriting, producción audiovisual y podcast.

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