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Vivir en altura también es cuidarse: la responsabilidad cotidiana de habitar edificios

La vida en edificios en altura ofrece ventajas evidentes: mejor aprovechamiento del suelo urbano, vistas privilegiadas y cercanía a servicios. Sin embargo, este modo de habitar también implica una responsabilidad personal que muchas veces pasa desapercibida: el autocuidado como parte activa de la seguridad y el buen funcionamiento del entorno común. Vivir en altura no es solo ocupar un espacio privado, sino participar de un sistema compartido donde las acciones individuales tienen impacto colectivo.

El autocuidado comienza con la conciencia del entorno. Conocer las vías de evacuación, respetar las normas de uso de ascensores, escaleras y espacios comunes, y comprender los protocolos básicos de emergencia no es una formalidad, sino una forma de proteger la propia vida y la de los demás. En edificios de gran altura, los tiempos de respuesta y las condiciones de evacuación son distintas a las de una vivienda unifamiliar, por lo que la preparación personal adquiere un valor crítico.

También existe una dimensión preventiva ligada a los hábitos diarios. No sobrecargar instalaciones eléctricas, evitar modificaciones no autorizadas en departamentos, reportar oportunamente filtraciones, ruidos anómalos o fallas técnicas, son gestos simples que reducen riesgos mayores. El silencio ante un problema pequeño puede transformarse, con el tiempo, en una amenaza para todo el edificio.

El autocuidado incluye además una relación responsable con los sistemas de transporte vertical. Usar correctamente los ascensores, no forzar puertas, respetar la capacidad máxima y enseñar estas conductas a niños y visitantes contribuye a prolongar la vida útil de los equipos y a evitar accidentes. El ascensor no es solo un medio de comodidad, es una infraestructura crítica que merece atención y respeto.

Vivir en comunidad exige, por último, una actitud consciente hacia los demás. Mantener despejadas las áreas comunes, no obstruir pasillos ni escaleras, y actuar con calma ante situaciones imprevistas fortalece la seguridad colectiva. El autocuidado en altura no es un acto individualista, sino una forma de corresponsabilidad silenciosa que sostiene la convivencia diaria.

En ciudades cada vez más verticales, la seguridad no depende únicamente de administradores, técnicos o normativas. Depende también de personas informadas, atentas y comprometidas con su propio bienestar y con el de quienes comparten el mismo edificio, entendiendo que cuidarse es, al mismo tiempo, cuidar a otros.

Acerca de José Luis Gutiérrez

José Luis Gutiérrez es Prevencionista de Riesgos, experto en Comunicaciones Digitales y Redes Sociales. Su trayectoria está fuertemente asociada a la gestión de medios de comunicación multiformato como editor de contenidos, copywriting, producción audiovisual y podcast.

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