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Comunidades preparadas: la clave está en practicar y saber dónde estar

Vivir en edificios de varios pisos implica compartir espacios, rutinas y también responsabilidades. En contextos donde pueden ocurrir emergencias como sismos, incendios o cortes de servicios, la preparación comunitaria deja de ser un ideal para transformarse en una necesidad concreta. En este escenario, prácticas como la Operación Deyse y el Ejercicio Cooper cumplen un rol fundamental en la formación de comunidades organizadas, seguras y resilientes.

La Operación Deyse es un protocolo ampliamente difundido en Chile, especialmente en entornos educativos, que busca entrenar a las personas para reaccionar de manera adecuada frente a emergencias. Aunque su origen está en escuelas, su aplicación en comunidades residenciales es altamente recomendable. Su esencia es simple pero poderosa: actuar con rapidez, orden y calma, siguiendo instrucciones previamente conocidas.

Por su parte, el Ejercicio Cooper, adaptado al contexto de evacuación, pone énfasis en la respuesta física y en la capacidad de desplazamiento eficiente. En edificios de varios pisos, donde el uso de ascensores queda descartado en situaciones críticas, la evacuación por escaleras requiere no solo conocimiento, sino también cierta preparación física y coordinación entre vecinos.

Practicar estos ejercicios en comunidades residenciales tiene múltiples beneficios. En primer lugar, permite que los residentes conozcan las rutas de evacuación reales, no solo en teoría. Saber dónde están las escaleras, cómo acceder a ellas y cuánto tiempo toma evacuar desde distintos pisos puede marcar una diferencia crucial en una situación real. Además, estas prácticas ayudan a identificar obstáculos: puertas bloqueadas, pasillos con objetos, iluminación deficiente o señalización poco clara.

Otro aspecto clave es la reducción del pánico. Las emergencias generan estrés e incertidumbre, pero cuando las personas han practicado previamente, su reacción tiende a ser más controlada. La memoria del cuerpo y la familiaridad con el procedimiento permiten actuar con mayor seguridad, lo que beneficia no solo al individuo, sino a toda la comunidad.

Aquí es donde cobra especial relevancia la definición de las Zonas de Seguridad. Estas son áreas previamente establecidas, dentro o fuera del edificio, donde las personas deben reunirse una vez evacuadas. No se trata de improvisar en el momento, sino de contar con puntos claros, conocidos por todos los residentes, que ofrezcan condiciones de resguardo frente a riesgos como caída de objetos, incendios o colapso estructural.

Una Zona de Seguridad bien definida debe cumplir ciertos criterios: estar alejada de fachadas, postes eléctricos o muros inestables; ser de fácil acceso desde las salidas del edificio; y contar con espacio suficiente para albergar a los residentes. Además, debe estar correctamente señalizada y ser comunicada de manera constante a la comunidad.

El rol del administrador y del comité de administración es fundamental en este proceso. Son ellos quienes pueden coordinar simulacros periódicos, informar a los vecinos y asegurar que las condiciones del edificio favorezcan una evacuación segura. Pero la responsabilidad no termina ahí. Cada residente, cada familia, debe asumir un compromiso activo con su propia seguridad y la de quienes le rodean.

En comunidades de varios pisos, la seguridad no depende solo de la infraestructura, sino de las personas. Practicar, coordinar y definir espacios seguros no es una exageración, es una inversión en tranquilidad. Porque cuando llega el momento de actuar, no hay tiempo para improvisar: solo para aplicar lo aprendido.

Acerca de José Luis Gutiérrez

José Luis Gutiérrez es Prevencionista de Riesgos, experto en Comunicaciones Digitales y Redes Sociales. Su trayectoria está fuertemente asociada a la gestión de medios de comunicación multiformato como editor de contenidos, copywriting, producción audiovisual y podcast.

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